lunes, 2 de diciembre de 2013

Luxemburgo, Tour de Francia de 1992: un extraterrestre emerge en el ciclismo

“Luxemburgo se convierte en una referencia histórica porque se dirá que en aquella ciudad se disputó una contrarreloj a mediados de julio del 92 en la que cualquier corredor hubiera sido doblado por Induráin. Tal fue la diferencia entre uno y el resto que el Tour quedó conmocionado”.  Así escribía el diario El País su crónica sobre la contrarreloj de Luxemburgo en el Tour de Francia del 92, cuando Miguel Induráin marco unas diferencias estratosféricas nunca antes vistas en el ciclismo profesional. Aquella crono es la protagonista de nuestra sección ¿Te acuerdas?, que vuelve a nuestro blog después de su anterior entrega, el oro de Daniel Plaza en Barcelona 92.

 




Una exhibición sin precedentes en el ciclismo

“No se puede ganar a un extraterrestre” diría Gianni Bugno después de aquella mítica etapa que bautizó a Miguel Induráin como el extraterrestre en la prensa francesa. Induráin disputaba entonces el Tour de Francia tras haberlo conquistado el año anterior por primera vez en su carrera. 



Eran 65 km. contra el crono y el navarro aún no lideraba la ronda, que atravesaba aquel día su novena etapa. Al poco de empezar la contrarreloj Induráin ya dobló a su predecesor, y a mitad de carrera para sorpresa de propios y extraños doblaba también a su compañero de equipo, Armand de las Cuevas, experto contrarrelojista. Pero aquí no terminó la gesta, ya que a falta de muy pocos km. para meta Induráin volvía a doblar a otro rival: nada menos que a Laurent Fignon (bicampeón de la ronda gala), que había salido 6 minutos antes que él. “Vi pasar un cohete”, declararía el francés al término de la etapa.



Una superioridad aplastante

Fue tal la superioridad de Miguel Induráin sobre sus rivales aquel día que muchos han calificado la contrarreloj que realizó Luxemburgo como la más perfecta de todos los tiempos en el ciclismo. Induráin pulverizó al resto de favoritos dejándolos a una distancia de entre tres y diez minutos. En carrera llegó a alcanzar una velocidad punta de casi 60 km/h y finalizó la prueba en una media de 49 km/h, un registro sencillamente estratosférico, más aún si se tiene en cuenta el fortísimo viento que azotó a los corredores durante algunos tramos. Aquél fue el comienzo de la leyenda de Induráin, el mejor ciclista español de todos los tiempos. Concluimos el recuerdo de esta etapa histórica con el final de la crónica de El País que escribiera entonces Vicente Jiménez: “¿Qué se puede decir de los especialistas en contrarreloj si existe por ahí un corredor capaz de doblarles en su terreno? Ya no hay especialistas. Hay un especialista. Y hay que esperar a que envejezca para encontrar un rival capaz de hacerle frente. La conmoción ha sido demasiado grande”.



Os dejamos con un vídeo de la televisión francesa donde se narraba la gesta del corredor navarro aquel día en Luxeburgo.



Fuentes consultadas: hemeroteca del diario El País
Imágenes: portada del diario Marca y RTVE

6 comentarios:

  1. Ya lo creo que era de otro planeta,me enganchaba a verle correr, era impresionate su dominio en todos los terrenos.Bonito recuerdo,un abrazo

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    1. Miguelón era una auténtica máquina, tenía que ser desesperante para los rivales asistir a esas lecciones de ciclismo... Gracias por tu comentaria, JK! Saludos

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  2. Cuando él se fue, el ciclismo ya no es lo mismo. Recuerdo sentarnos a ver las carreras hasta en vacaciones en julio. Sus cinco tour dicen mucho de este "extraterrestre" bonachon.
    Buen miércoles.
    Un abrazo.

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    1. Vosotros siempre habéis tenido buenos ciclistas por Béjar, como Lale Cubino o Roberto Heras, ya se lo comenté una vez con Carmen, jeje. Gracias por comentar, Laura! Un abrazo

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  3. Pues claro que me acuerdo de los triunfos de Miguelón, de su fuerza y su humildad. Por entonces era una enana y veía el ciclismo pegada a la tele junto a mi padre, saboreando las vacaciones de verano, sin cole, y pensando en, cuando acabara, marcharme a la piscina con los amigos.
    Doy fe que hablamos del tema, Laura.
    Un beso

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    1. Hola Carmen! No sé si volveremos a tener un ciclista del calibre de Miguelón, era el mejor y además, lo que tú dices: el tío era muy sencillo y humilde, para nada una estrella, lo cual aún le hacía más grande.Gracias por tu comentario, un beso!

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